The real voyage of discovery consists not in seeing new landscapes, but in having new eyes.
Marcel Proust
No se consideraba un turista; él era un viajero. Explicaba que la diferencia residía, en parte, en el tiempo. Mientras que el turista se apresura, por lo general, a regresar a su casa al cabo de algunos meses o semanas, el viajero, que no pertenece más a un lugar que al siguiente, se desplaza con lentitud durante años de un punto a otro de la tierra.
Pero entonces bailaban por las calles como peonzas enloquecidas, y yo vacilaba tras ellos como he estado haciendo toda mi vida, mientras sigo a la gente que me interesa, porque la única gente que me interesa es la que está loca, la gente que está loca por vivir, loca por hablar, loca por salvarse, con ganas de todo al mismo tiempo, la gente que nunca bosteza ni habla de lugares comunes, sino que arde, arde como fabulosos cohetes amarillos explotando igual que arañas entre las estrellas.
Mientras Bob Dylan cumplía los setenta con ojeras pero con devoción y se desataba una guerra europea entre el norte y el sur encubierta con sucursales bancarias como balas, ciertos focos de caos y confusión comenzaban a formarse, seguidos de movimientos de rebeldía e inconformismo, niebla amarilla, luces de neón, noches encendidas y olor a revolución.
Atados de pies y manos a una condena que nos envenena, ¿quién dice que no merece la pena encendernos con una vida que nos quema?
Yo sólo soy Bob Dylan cuando tengo que ser Bob Dylan. La mayor parte del tiempo quiero ser yo mismo. Bob Dylan nunca piensa sobre Bob Dylan. Yo no pienso en mí mismo como Bob Dylan. Es como dijo Rimbaud: Yo soy el otro.
Yo sigo todavía en la carretera, dirigiéndome hacia otro cruce.
A punto de cumplir setenta años, con más de cuarenta álbumes a sus espaldas y dos mil conciertos caminando el mundo, Robert Allen Zimmerman ha celebrado este mes su cincuenta aniversario sobre los escenarios.Toda una vida on the road desde que decidió un día, hace medio siglo, emigrar a Nueva York para visitar en el hospital a su admirado Woody Guthrie hasta estos días en los que ha podido actuar en China (censurado o no) por primera vez. Mucho ha llovido entre medio. Atrás ha quedado su misterioso accidente de moto, su Rolling Thunder Revue, su conversión efímera al cristianismo, su polémica electrificación y su fracaso matrimonial. Todo ello a través de un mismo camino con dirección propia y sentido único que continúa en su interminable gira Never Ending Tour. Y es que, como dijo Keith Richards, Bob padece el síndrome de la línea blanca, no por la cocaína, sino por su adicción a la carretera. No creo que sepa dónde está su casa.
Positively 4th Street, calle de los cantantes folk en Manhattan, es la réplica de Dylan a las críticas de la comunidad de folkies que lo tachaban de traidor por la electrificación de su música.
Me despierto y soy una persona, y cuando me acuesto sé con seguridad que soy otro.
No sé quién soy la mayor parte del tiempo.
No me identifico con ningún fanático dylanita de esos que aparecen en la road movie de Fernando Merinero, no he escuchado todos sus discos, no conozco todos los retazos de su vida ni soy un devoto de sus relatos, y no le he visto actuar más que una única vez promocionando aceite de oliva en Jaén (curiosamente comprometido) con Quique González como telonero. Así que no creo que pueda aportar más mitos y leyendas sobre su pasado de los que ya existen. Para eso están ahí sus entrevistas,sus crónicas,sus documentales de Scorsese, sus películas y sus biopics. Sin embargo, a pesar de toda esta documentación, sería difícil hacerse una ligera idea de quién es realmente Bob Dylan. Tal vez no lo sepa ni siquiera el propio Zimmerman, que desmiente rumores al mismo tiempo que inventa nuevas historias tan confusas como sus ruedas de prensa. Siempre distante con sus fans y cínico con los periodistas, ha conseguido crear un personaje imprevisible, con una personalidad poliédrica y con tantas versiones que es imposible adivinar quién se esconde tras la máscara. Lo etiquetaron depoeta maldito, de profeta de una generación perdida, de traidor al folk y de estrella del rock. Pero la genialidad de Dylan reside en su capacidad de reinventarse cada día, en su manera de reinterpretar sus canciones de manera diferente en cada uno de sus conciertos y en difuminar su vida de manera desconcertante como si fueran las piezas de un mosaico. Por eso la mejor y la única manera de saber algo sobre el verdadero Bob Dylan es a través de su obra y su legado, porque no hay más verdad que en la mentira que esconden sus canciones.
La interminable Sad Eyed Lady of the Lowlands fue compuesta en el Chelsea Hotel para su mujer de entonces Sarah, y cierra el disco álbum Blonde on Blonde, elegido como uno de los mejores discos de rock de la historia.
Un poema es como una persona desnuda,
pero una canción es algo con vida propia.
Hubo una vez un joven Zimmerman, hijo de una familia de comerciantes judíos, que se escapó de un pueblo minero de Minnesota para tocar folk -entre los números de strip tease- en los cabarets de Colorado. Fue otro cantautor con voz gangosa que tocaba armónica y guitarra, ya influenciado por el blues y escritores como Blake, Rimbaud, Dylan Thomas -del que dicen que adaptó su nombre- y por toda una generación beat, quien abandonó la universidad para interpretar sus canciones en los garitos perdidos del Greenwich Village entre los poetas callejeros, músicos de folk y demás vagabundos que recorrían el barrio bohemio de Nueva York. Fue más tarde un Bob distinto, quien creaba himnos de lucha y canciones protesta en tiempos en los que Martin Luther King luchaba contra la segregación racial y John F. Kennedy se encontraba en la terrible encrucijada entre el Vietnam y la crisis de los misiles de Cuba. Y así fueron también todos los demás disfraces que constituyen el puzzle de las inagotables versiones dylanianas: el que leyó Mexico City Blues junto a junto a Allen Ginsberg en la tumba de Jack Kerouac; el Dylan beatificado que actuó frente al papa en Roma; el que actuó en una película para la que compuso su Knockin’ On Heaven’s Door; el que realizó Blood on Tracks tras la ruptura con su esposa; el que sacó un disco de villancicos; y el que dijo Cualquier cosa que pueda cantar lo llamo canción; cualquier cosa que no pueda cantar, lo llamo poema; y aquello que no puedo cantar o que es demasiado largo para ser un poema, lo llamo novela.
El poder cesa en el instante del reposo, según Emerson. Reside en el momento de transición del pasado a un nuevo estado. Esta es la razón por la que la mejor obra de Robert Zimmerman sigue siendo Bob Dylan. En ninguna parte más que en el propio Dylan, incesante a su modo, se hace visible su necesidad de expresión y constante evolución que le conducen a la duda musical y temática. El que no está ocupado naciendo, está ocupado muriendo.
"El pasado no me interesa y el mañana a lo mejor no existe.
Rock N' Roll no es sólo un estilo musical derivado del folk,blues y country. No es una guitarra eléctrica, un bajo, un teclado, una batería, una voz desgarrada y desequilibrante. No son letras imposibles. No es Hard Rock, Heavy Metal o Punk Rock. No es una generación, ni varias a la vez. No es una cultura multirracial, ni una raza multicultural.
Rock N' Roll no es sólo una forma de vida. No es ser un bala perdida, un canto rodado, un RocknRolla. No es mecer & rodar. No es sólo sexo, drogas, alcohol y giras en furgoneta. No es sobredosis a los 27. No son conciertos a rebosar, ni fans teenagers en el backstage.
Rock N' Roll no es sólo lo que Elvis, Chuck Berry y Little Richard, entre otros, dieron vida en los 50. Lo que The Beatles y The Rolling Stones expandieron en los 60. Lo que Bob Dylan reinventó. Luego fueron Jimmy Hendrix, The Doors, AC/DC, Pynk Floyd, Sex Pistols, Led Zeppelin, Queen. The Police y Guns N' Roses en los 80. El grunge de Nirvana, Pearl Jam; los grupos británicos de los 90, Oasis, Radiohead; The Libertines o White Stripes. Rock N' Roll no es solo Satisfaction, Johnny B. Goode, Jailhouse Rock, Bohemian Rapsody, My Generation, Highway to Hell, Respect, Hey Jude oLike A Rolling Stone.
Quizás ahora sea el momento de llevar a cabo todo lo que tenía en mente. Vivir todas las vidas con las que había soñado. Puede que ahora llegue ese instante en el que todo cambia. Hubo un tiempo en el que quise ser un Rockstar. Romper el límite, sufrir la decadencia para sentirme vivo.Experimentar la genialidad de Bob Dylan. O la locura de Jim Morrison.
[Bob Dylan-Playboy Interview (1966)]
Sea o no un error, ¿qué te hizo decidirte por el camino del rock n’ roll? El descuido. Perdí a mi viejo amor. Empecé a beber. Lo primero que sé es que estaba en una partida de cartas. Luego, caigo en que es un juego de mierda. Desperté en un billar. Una mujer mexicana enorme me arrastra fuera de la mesa, me lleva a Philadelphia. Me deja en su casa y todo arde en llamas. Acabo en Phoenix. Consigo trabajo como Chino. Empiezo a trabajar en una tienda de baratijas y me mudo con una chica de trece años. Después esta mexicana enorme de Philadelphia llega y enciende fuego la casa. Me voy a Dallas. Consigo trabajo como “antes,” en una publicidad de dietas; el “después” era Charles Atlas. Me mudo con un repartidor que cocina unos chiles y unos hotdogs fantásticos. Después, esta chica de trece años de Phoenix llega y enciende fuego la casa. El repartidor –no era tan bondadoso- le da a ella un cuchillo y lo próximo que sé es que estoy en Omaha. Hace mucho frío; por entonces ya estoy robando mi propia bicicleta y friendo mi propio pescado. Tengo un golpe de suerte y consigo trabajo como carburador en las carreras de coches de los jueves por la noche. Me mudo con una profesora de secundario que trabaja a la vez de fontanera y a la que no hay que prestar mucha atención, aunque fue capaz de construir un nuevo tipo de refrigerador que puede convertir el periódico en lechuga. Todo va bien hasta que el repartidor aparece y trata de acuchillarme. No es necesario decir que también quemó la casa y que yo me hago al camino de inmediato. El primer tipo que me levanta me preguntó si quería ser una estrella. ¿Qué podría decir?
¿Y así fue como te convertiste en cantante de rock n’ roll? No, así fue como contraje tuberculosis.
El tobillo se me había torcido un poco al correr, así que tuve que aminorar la marcha. Las luces rojas de los semáforos ya no parecían fuegos artificiales, pero aún me costaba un poco respirar. Tras recuperar el aliento reconocí una calle, en la que había una tienda de discos de segunda mano y por la que solía pasar bastante a menudo los primeros días que llegué aquí. Recuerdo que compré Wave de Patti Smith justo cuando me confirmaron que el contrato del alquiler estaba listo para firmarlo. Mientras refrescaba la memoria los cristales de las vitrinas comenzaron a empañarse. Una nube de polvo descompuso el orden que, lamentablemente, se fue desvaneciendo. Me di la vuelta y la vi.